La ética digital en la teoría y la práctica

Confianza e integridad como modelo de negocio: la ética como oportunidad para las empresas

¿Cómo hacer justa la digitalización? La ética digital debe educar a las empresas responsables y a los empleados que se hacen preguntas críticas sobre la tecnología. Para garantizar la seguridad, la responsabilidad social, la transparencia y la autonomía individual, los responsables de las tecnologías de la información deben promover el empoderamiento del usuario en lugar de la imposición digital.

Se supone que la ética digital ofrece a las personas una guía para tomar decisiones morales en el mundo globalmente interconectado. ¿Un manual que da respuesta a todas las preguntas de la digitalización? ¡Genial! Por desgracia, no es tan sencillo. En realidad, la ética digital se supone que crea exactamente lo contrario: se supone que educa a las empresas y a los empleados responsables que se ven reforzados en su responsabilidad de hacer preguntas críticas sobre la tecnología y su aplicación con el fin de derivar reglas para una digitalización justa.

¿La tecnología como mejoradora o destructora de valores?

¿Qué queda de los sueños de la comunidad de intercambio en red que quería hacer del mundo un lugar mejor a través de la innovación disruptiva? Tras décadas de esperanzas exageradas en torno al ciberespacio, las decepciones sobre la «web rota» dominan el debate público. Las protecciones del mundo real no funcionan, la sociedad se está radicalizando en cámaras de eco y la industria tecnológica sufre una pérdida de confianza. Las consecuencias negativas de la economía global de plataformas no pueden ocultarse: La anonimización del trabajo, la pérdida de puestos de trabajo por la automatización, la precarización por la explotación de las condiciones laborales y la formación de oligopolios plantean nuevos retos a la política y a las empresas. Se extienden los temores y la preocupación por un futuro transhumanista que quiere hacer superfluo el trabajo humano (y a los humanos en general) y darnos un feudalismo 2.0 en el que las élites adineradas subviertan el Estado constitucional democrático.

La tecnología de la información ha llevado el conocimiento a los rincones más alejados del mundo, pero también ha contribuido a la difusión de la desinformación y las asimetrías de poder. Los prosumidores de Internet se ven privados de sus derechos cuando las empresas tecnológicas definen las experiencias privadas como material de libre acceso y las convierten en productos. La omnipresente cultura de la vigilancia hace del derecho al secreto un bien sensible y muy vulnerable. El ser humano se está quedando en el camino porque, por comodidad, ha confiado hasta el último rincón de su personalidad a máquinas que nos recompensan por ello con manipulación y adicciones. Por ello, críticos como Tim Berners-Lee, iniciador del Contrato para la Web, o Tristan Harris, fundador del movimiento Time Well Spent y del Center for Humane Technology, reclaman nuevas normas para las tecnologías web.

Ética digital: proteger la dignidad y la autonomía humanas

¿Qué hace un especialista en ética? Se interroga sobre las convenciones contemporáneas de la acción humana para la compatibilidad individual y social con el fin de señalar las formas de vivir una buena vida. Los interrogantes sobre la actuación en la economía digital abundan: ¿Cómo está cambiando la iluminación digital la comprensión de la privacidad? ¿Cómo garantizar la autonomía y no la explotación del individuo? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a permitir una informatización de nuestras vidas que nos ofrezca ventajas en calidad de vida y comodidad, pero que limite nuestra libertad de elección?

La ética digital gira en torno a un problema filosófico fundamental que ha preocupado al hombre moderno desde la antigüedad: ¿Qué es más importante para la buena vida: la búsqueda de la felicidad individual o el deber moral? O para decirlo más concretamente en términos de la era de la información: ¿cómo podemos conciliar el ideal de una sociedad del conocimiento organizada de forma descentralizada y colaborativa de individuos autónomos con la realidad de la gestión de la vigilancia capitalista? ¿Y qué ocurre cuando se pulsa el interruptor de exclusión?

En la práctica, se supone que la ética digital proporciona un marco para que la digitalización sea humana. Porque falta una alfabetización digital basada en valores en la educación y la empresa, modelos empresariales de ética por diseño y códigos vinculantes para el Big Data y la IA. Existen listas de valores que marcan tendencia en la industria de las TI, en el mundo académico y en el ámbito político. Por ejemplo, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE), Alphabet (Google) y la Sociedad Alemana de Informática tienen códigos que hacen hincapié en cuestiones como la seguridad, la transparencia, la obligación social, el avance respetuoso y competente de la tecnología y la responsabilidad general. Las «Directrices de la UE para una IA digna de confianza» hacen hincapié en la supervisión humana, la solidez técnica y el cumplimiento legal. Aunque los códigos dan distintas ponderaciones, todos tienen en común que no ven la tecnología como un fin en sí mismo, sino como un medio al servicio del ser humano.

La ética digital parte de la premisa de que la dignidad humana está en el centro de todas las consideraciones. Los 10 mandamientos del Instituto Alemán de Ética Digital hacen hincapié en la autoprotección del individuo, que debe revelar lo menos posible de sí mismo en las cribadas de las redes ávidas de datos y ser crítico con las tentaciones de la tecnología. Pero, ¿se preserva la libertad individual si se contrarresta la obligación de transparencia de Internet con la ocultación? ¿O se trata ya de una autocensura normativa que crea el sistema de vigilancia constante? La cautela es correcta, pero no debe contraponerse al valor de la confianza. La confianza, sin embargo, sólo puede crearse si personas valientes, seguras de sí mismas y digitalmente maduras marcan el camino como modelos a seguir.

La madurez digital refuerza el juicio individual y la resiliencia

La madurez digital es una actitud que hay que aprender: es un proceso de autoconocimiento y autocuestionamiento a lo largo de toda la vida para desarrollarse en el espacio digital de forma autodeterminada y a lo largo del conocimiento de las propias capacidades, pero también de las limitaciones. La madurez digital es tanto la voluntad de aprender las competencias digitales en la práctica como la capacidad de adoptar perspectivas distintas de las propias en la comunicación digital. Además de los conocimientos técnicos necesarios para utilizar con seguridad el hardware y el software, también son esenciales las competencias sociales, psicológicas y culturales. Lo que se necesita es un amplio conocimiento general, un alto grado de abstracción en el pensamiento y un enfoque holístico. Este metaaprendizaje, a su vez, desarrolla la identidad personal y permite aumentar el juicio.

La fe ciega en el poder de las máquinas es tan ingenua como la abstinencia categórica. Hace tiempo que las tecnologías digitales han adquirido una relevancia sistémica y se utilizan a nivel gubernamental, para infraestructuras de seguridad críticas y en casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Internet y el mundo real ya no son mundos paralelos separados (a más tardar) con el Internet de los objetos. Pero los algoritmos que deciden sobre el bien y el mal son en muchos casos desconocidos para los usuarios. Además, existe el problema de la propensión a los errores de los programas informáticos, que da lugar a fallos de seguridad, errores de diagnóstico y sesgos como la elaboración de perfiles raciales. También es problemática la documentación, a menudo inadecuada, de los procesos de desarrollo tecnológico, que hace que incluso los equipos de desarrollo no entiendan sus sistemas al 100%. ¿Los humanos siguen teniendo el control o vivimos en una caja negra?

La madurez digital significa entender que no hay una única respuesta a todas las preguntas. Tenemos que aprender a vivir con las incertidumbres, que aumentan en un mundo cada vez más complejo. Se trata más bien de desarrollar la capacidad de resistencia frente a la dominación extranjera de la tecnología. Esto sólo puede hacerse con una sana desconfianza hacia las tentaciones del mundo digital y concentrándose en mantener nuestro propio equilibrio mental. Observar desde la distancia no es una opción: no se puede evitar sumergirse en el cibermundo posmoderno de las superficies para sondear sus profundidades fenomenológicamente con todo el ser.

Ganarse la confianza con el empoderamiento del usuario

La conciencia de que todo el mundo está implicado en un sistema potencialmente manipulador y el ejercicio soberano de la propia agencia no tienen por qué ser mutuamente excluyentes: Cuanto más se conozca la omnipresencia psicológica de la lógica algorítmica, mejor se podrá burlarla. El empoderamiento devuelve a los usuarios la sensación de responsabilidad de que pueden hacer que las cosas sucedan dentro de su propio espacio de decisión.

En lugar de aumentar la eficiencia sobre el empleado y avanzar en la personalización sobre el cliente, una buena digitalización debería centrarse en el deber de crear valor de una manera distanciada y humana basada en la proporcionalidad. En relación con Internet y el Big Data, esto significa que sólo a través de la mayor autonomía posible (soberanía de los datos) y el uso adecuado de los recursos humanos (economía de los datos) pueden los clientes y los ciudadanos recuperar la confianza a largo plazo en que la digitalización promueve el bienestar sostenible.

La manipulación psicológica no es necesaria para vender un producto. Crear un valor sostenible en lugar de generar un crecimiento rápido y rendimientos a corto plazo no sólo hace felices a las personas, sino que garantiza la supervivencia de la empresa a largo plazo. Para lograr una verdadera integridad, hay que modelar la autonomía en lugar de forzarla con el mando y el control. El progreso debe apoyar a las personas en su autopercepción positiva en lugar de confundirlas. Para los desarrolladores de sistemas tecnológicos, esto significa que deben ofrecer «un mayor rendimiento bajo la condición de una minimización controlada de la entropía», como dice Sarah Spiekermann en su actual libro Digital Ethics – A Value System for the 21st Century.

4 consejos para un diseño ético en el desarrollo web

Compliance

El cumplimiento no sólo se centra en los aspectos legales, sino también en la responsabilidad social de los propios productos o servicios. El diseño ético se adhiere naturalmente a los requisitos legales para la protección del usuario, como el «Privacy by Design» del GDPR. También se centra en promover las necesidades sociales más profundas del cliente (intercambio, información, entretenimiento, aprendizaje, relajación, etc.) en lugar de orientarse únicamente a las especificaciones de marketing para promover las ventas.

Libertad de elección

Es un lugar común que la claridad, la sencillez y el manejo intuitivo facilitan la navegación en las interfaces web. Pero a menudo se confunde la orientación hacia los impulsos de acción del usuario (call-to-action) con la acción guiada y el nudging digital. Una retroalimentación excesiva en forma de recompensas crea falsos incentivos. El diseño adictivo fomenta el consumo múltiple, lo que puede llevar a lagunas de atención, sobrecarga de información y adicción. Tiene más sentido promover el equilibrio y el enfoque del consumidor a través de la motivación intrínseca, de modo que se preserve su libertad de elección.

Seguridad emocional

Un entorno tranquilo y seguro fomenta la atención plena y crea seguridad emocional para que el usuario pueda generar confianza. Los procesos rítmicos, incluidas las pausas, y un entorno de aprendizaje auténtico contribuyen a reducir las perturbaciones, lo que favorece la concentración y la movilización individual. El usuario no se distrae de su motivación real y puede experimentar una satisfacción duradera en lugar de la satisfacción de los afectos efímeros. Esto también se aplica a las dinámicas de grupo: en lugar de crear una presión para conformarse a través de la autopresentación orientada al estatus, se debe transmitir una sensación de unión cooperativa y armoniosa a través de espacios de comunicación claramente estructurados y bien moderados.

Diversidad cultural

Un factor importante es la adaptación de las interfaces web, las apps o las tiendas online a las características regionales y culturales. Se trata de orientar más el diseño y el desarrollo de productos a la diversidad de las comunidades en lugar de una homogeneización artificial que no refleja el mundo real. El encuadre de la propia cultura es un factor decisivo para que un cliente compre un producto. La diversidad en el diseño puede evitar malentendidos de los clientes por problemas de traducción y, al mismo tiempo, lograr un mayor apego emocional al producto. El aprendizaje intercultural dentro de la organización también promueve el desarrollo de productos y la comprensión de los mercados extranjeros.

Simone Belko, a linguist and European studies scholar, is committed to digital literacy in a connected society. After working as a PR manager and journalist, she was a lead in the localization and community management of international products in the online games industry. She is currently responsible for customer experience and the structuring of IT processes at FinTech FINEXITY.

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